EXPOSICIÓN

14.03.2018

20.01.2019

Joel Meyerowitz. Hacia la luz (Colección Per Amor a l’Art)

ORGANIZACIÓN: Bombas Gens Centre d’Art
ARTISTAS: Joel Meyerowitz
COMISARIO: Nuria Enguita, Miguel López-Remiro y Vicente Todolí
PUBLICACIÓN: Francesco Zanot, Miguel López-Remiro y Nuria Enguita. Editado por La Fábrica y Bombas Gens Centre d’Art

La exposición Hacia la luz de Joel Meyerowitz incluye 98 fotografías de la Colección Per Amor a l‘Art, casi todas ellas tomadas en Málaga entre 1966 y 1967, ciudad en la que convivió con los Escalona, una de las familias flamencas de mayor renombre en la ciudad. La exposición incluye imágenes en blanco y negro y color, así como una pequeña muestra de las realizadas en casa de los Escalona.

En el año 1962 Meyerowitz abandonó su trabajo como editor para convertirse en fotógrafo, decisión que tomó tras una sesión de fotos con Robert Frank en un apartamento de Manhattan. Ayudado por su antiguo jefe, Harry Gordon, que le regaló una pequeña cámara en color —y posteriormente el libro The Americans de Frank—, Meyerowitz comenzó a fotografiar en las calles de Nueva York junto con Tony-Ray Jones y posteriormente con Garry Winogrand y Tod Papageorge.

Meyerowitz es considerado actualmente uno de los grandes representantes de la street photography (“fotografía de calle”) por haber continuado y renovado el legado de autores como Henri Cartier-Bresson o Robert Frank, definiendo un lenguaje propio. Desde el principio utilizó el color frente a la tendencia dominante de uso de la fotografía en blanco y negro, aunque simultaneaba ambos. Le interesaba el color tanto por su capacidad descriptiva de una época y un momento determinados como por su acercamiento a la superficie pictórica. Comenzó con una cámara pequeña de 35 mm que le permitía fotografiar el caos y la inmediatez de la vida en la calle. Pero pronto comenzó también a utilizar una cámara de placas, que definió una nueva forma de mirar más pausada y más centrada en el espacio, pasando de la acción al contexto, aunque manteniendo en cierta medida la inmediatez de las relaciones que suceden en la calle.

Su viaje a Europa y su estancia en España en 1966, solo cuatro años después de sus inicios en la fotografía, es importante para la definición de una forma de hacer que desde muy pronto se apartó tanto del “instante decisivo” de Cartier-Bresson como de la narratividad de Frank para centrarse en las posibilidades expresivas de la fotografía como contexto, capaz de dar cuenta de la fragmentación, la simultaneidad y el contraste de la vida en la calle. Plantea su trabajo como una conversación con lo real, una respuesta, hecha de energía y meditación. Su posición no es la del cazador que busca una presa sino la del paseante-observador que se deja afectar por lo que siente en cada momento y no solo por lo que ve, obedeciendo a un impulso sensorial que va más allá de la vista.

El trabajo realizado en España —y el propio viaje— posee un gran valor, pues supone una conversación continuada con un país en transformación bajo unas circunstancias sociales, culturales y políticas difíciles, marcadas por una dictadura. No obstante, sus fotografías de Málaga muestran, a veces incluso con un humor velado, cómo la vida se hace camino en cualquier circunstancia.

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