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Píldora de patrimonio. El refugio de la Guerra Civil

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Os invitamos a conocer diferentes elementos patrimoniales que amplían la información que damos en nuestras visitas a la antigua fábrica de Bombas Gens, al refugio antiaéreo de la Guerra Civil y a la bodega medieval que acoge el recinto. De esta forma, podréis descubrir detalles sobre el estilo arquitectónico de la fábrica, los objetos que se han encontrado o historias que nos conectan a otros lugares de la ciudad.

En esta ocasión, proponemos acercarnos al contexto de Bombas Gens durante el período de la Guerra Civil Española. Para ello incluimos algunos de los valiosos testimonios de las y los visitantes al centro de arte que se han ido recogiendo en diálogo con las mediadoras de patrimonio.

 


 

Durante el año 1936, la prensa publicitaba Valencia como el “Levante feliz”, contrastándola al Madrid asediado y otras áreas afectadas más duramente al principio de la contienda. Intelectuales y periodistas pronto convivieron entre los integrantes del gobierno republicano, que se traslada a Valencia el 7 de noviembre de ese año. La nueva capital de la Segunda República hervía de acciones culturales, agrupaciones antifascistas y cronistas internacionales.  No obstante, al mismo tiempo que llegaban gobierno o artistas, lo hacían también cientos de refugiados civiles que escapaban del avance de los sublevados en otras zonas de España.

 

Ramón Gaya, Cartel del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (1937) [Fuente]

Valencia fue la sede inaugural del II Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, una de las mayores iniciativas internacionales en apoyo de la Segunda República, celebrado entre el 4 y el 17 de julio de 1937 y que luego se trasladaría a Madrid, Barcelona y París.

 

 

Los bombardeos sobre la nueva capital republicana tampoco se hicieron esperar, apareciendo en la vida cotidiana de Valencia en enero de 1937.

 

Cuando era pequeño, en 1938, vine con mi abuelo a Valencia y la pensión donde nos hospedábamos sufrió un bombardeo durante la noche. Recuerdo el sonido atronador de las bombas y cómo vibraba todo.

Antonio Anguix Garrido, vecino de Minglanilla (provincia de Cuenca).

 

Los principales objetivos se corresponderían con lugares estratégicos para el abastecimiento y las comunicaciones del bando republicano, como las estaciones de ferrocarril y la zona portuaria. Aunque estas áreas fueran objetivos lógicos de un ataque, pronto se dieron también bombardeos contra la población civil para desmoralizar al enemigo. Afectaron a barriadas y viviendas de la capital, e incluso a zonas agrarias o pueblos pequeños. Un ejemplo fue el barrio de Marxalenes, donde está situada la antigua fábrica de Bombas Gens.

 

Vivía en la Alquería del Foraster, que en la actualidad está parcialmente integrada en el Parque de Marxalenes. Durante la guerra, cayó una bomba en el campo donde mi padre estaba trabajando y, del susto, el caballo salió corriendo y se metió solo en la cuadra.

Miguel Castelló Palanca.

 

Tenía 9 años y pasé la guerra en mi pueblo, en la Sierra de Espadán, que tenía unos 1200 habitantes. Recuerdo las bombas y los refugios y que todos colaboraban en su construcción sacando cubos de tierra. Eso salvó a una prima mía, porque estaba trabajando en el hueco cuando cayó la bomba.

Encarna.

 

Frente a la ayuda de potencias fascistas como Italia y Alemania a Franco, la Segunda República buscó estrategias para producir y conseguir recursos armamentísticos con los que afrontar el conflicto. A través del Decreto sobre Incautaciones o colectivizaciones, efectivo en diciembre de1936, se intervinieron las industrias, talleres y otras empresas que pudieran resultar útiles al esfuerzo de guerra republicano. Ocurrió así con la fábrica de Bombas Gens que, equipada con hornos cubilotes para la fundición de hierro, pasó a producir munición en forma de bombas de mortero y granadas. El decreto republicano afectaría a áreas dispares de la ciudad, desde el puerto a la huerta, o negocios de niveles muy diferentes, incautándose grandes empresas —como la Unión Naval de Levante— y talleres pequeños. Se puede tomar de ejemplo el taller que los Gens seguían gestionando en la calle Sagunto, así como otros más en esa misma zona.

 

Era un taller de fundición situado en la calle Sagunto, de latón para valvulaje, que también fue incautado durante la Guerra Civil. Cerró en el año 1965.

Javier Sempere i Corral, refiriéndose a Talleres Peco, fundado por su tío Pedro Corral.

 

Luis García Gallo, Cartel para CNT-UGT, ca. 1936 [Fuente]

 

El protagonismo de Valencia como capital republicana, la presencia del puerto y el abastecimiento procedente de las industrias incautadas constituyeron factores de peligro para la ciudad, por lo que empezaron a implantarse normas y medidas para salvaguardar a la población civil. A este tipo de defensa se le denomina ‘pasiva’: busca proteger ante las amenazas sin llevar a cabo acciones de ataque directas, como sí es el caso de la defensa activa. Asimismo, el organismo encargado de esta labor pasó a denominarse Junta de Defensa Pasiva, a partir de julio de 1937.

Las alarmas —en forma de sirena atronadora o bien procedente del boca a boca de los vecinos— fueron algunos de los primeros recursos en llegar a la ciudad ante la amenaza de bombardeos navales y aéreos. En la prensa y a modo de panfletos se hacían saber las normas y recomendaciones para actuar correctamente durante un ataque. Y finalmente, poco a poco, comenzaron a construirse refugios antiaéreos.

 

Durante la guerra civil me refugiaba en los subterráneos de la Papelera La Levantina. En la puerta nos parábamos a ver los aviones y los reflectores que estaban enfrente. “¡¡Que viene la pava!! ¡¡Que viene la pava!!”, gritaban los vecinos cuando sonaban las sirenas.

Salvador Aliaga Gallarte

 

Panfleto con instrucciones elaborado, probablemente, por una Junta de Defensa Pasiva  [Fuente]

 

Marxalenes era, en los años de la guerra, un área formada principalmente por huertas y alquerías diseminadas. Este urbanismo hizo que se aplicara el principio de dispersión en la defensa de estas zonas, que consistía en que la población huyera a los campos en caso de no tener refugios próximos. La probabilidad de que se bombardearan huertas era mucho menor en comparación con los ataques a lugares con mayor concentración de edificios y habitantes. No obstante, en el barrio se encontraban dos potenciales objetivos para la aviación italiana: Bombas Gens —identificada en mapas de objetivos como fábrica de armamento— y la estación de tren de Marxalenes. Esto aumentó el peligro de bombardeo de toda el área y la necesidad de construir refugios para proteger a la población de los alrededores.

Gracias a los estudios de expertos como José Peinado, se conoce la existencia de numerosos espacios adecuados en el barrio para la protección de población civil en caso de bombardeo, que se pueden clasificar por el tipo de usuario. Así, encontramos refugios públicos (abiertos a todos los vecinos de una zona) y privados (compartidos a veces por varias familias que accedían directamente desde sus viviendas). También había escuelas equipadas con refugios para alumnos y profesorado, como el Grupo Escolar Olóriz (actual CEIP Doctor Olóriz), situado muy cerca de la fábrica de Gens. Hay que tener en cuenta que las características de estos espacios varían en función de las necesidades de las personas que van a guarecerse en él, diferenciándose en la capacidad o equipamientos como asientos o baños.

José Peinado ha colaborado con Bombas Gens Centre d’Art tanto en la realización de visitas guiadas a refugios de la ciudad de Valencia como en jornadas y publicaciones sobre el tema. Consulta más información en la publicación Bombas Gens 1930 – 2019. Historia, rehabilitación y nuevos usos y en este vídeo.

 

 

El refugio antiaéreo de Bombas Gens se clasifica como privado, ya que estaba pensado para albergar únicamente a trabajadores y trabajadoras, de la misma forma que el descubierto en la estación de Marxalenes. En comparación con otros refugios, como el de Serranos (con capacidad para cuatrocientos vecinos) o el del colegio Balmes (pensado para mil niños y niñas), podría resultar pequeño pero tiene capacidad suficiente para albergar a alrededor de cincuenta personas.

Otro factor de influencia en las características de este refugio es la fecha de construcción, que se ha aproximado entre finales del 1937 y principios del 1938. Es por esta cronología tardía que resulta muy básico, tanto en espacio como en equipamiento. Tiene dos accesos independientes y suficientemente separados para facilitar la entrada desde distintos puntos de la fábrica: en el patio y en el interior del taller. Tiene defensas como muros y una columna de hormigón que atenúen el posible impacto de bombas, así como un sistema de iluminación eléctrica y otro de ventilación natural. Un refugio sin ningún elemento superfluo que conlleve un tiempo y un dinero extra en su construcción, solo lo esencial para aguantar un bombardeo.

 

Vista del interior del refugio de Bombas Gens

 

Es muy difícil calcular cuántas veces se utilizó el refugio de la fábrica. Probablemente muchas: cada vez que sonara la alarma. Se llenaba con hombres y mujeres, pero también con incertidumbre, miedo y solidaridad. A veces con hijos y con vecinos. Aunque hay testimonios de heridos, por metralla de bombardeos dirigidos a otras zonas de la ciudad, sobre Bombas Gens no cayó directamente ninguna bomba. Pero eso nadie lo sabía entonces, ni nadie se acordaba ya del “Levante feliz”.

 

Mi madre vivía cerca de la fábrica de Bombas Gens. Una vez, de vuelta de comprar, sonó la alarma y como no le daba tiempo a ir a otro refugio, corrió al de la fábrica. Le abrieron y bajó, pero de lo asustada que estaba se dejó la bolsa con pan fuera. Visitante anónima.

 

La fábrica volvió a producir sus bombas hidráulicas acabada la guerra. Y al refugio entraron entonces cajas con carbón, que servían para encender los hornos. Tiempo después, durante el abandono y la ocupación del complejo industrial, volvió a servir de refugio a personas que no tenían nada más. Y en el presente, más de 80 años después de su construcción, se ha llenado de visitantes, memoria y testimonios.

 

Una propuesta de Cristina Montiano, mediadora de patrimonio de Bombas Gens Centre d’Art

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